La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) tiene agendado para hoy determinar la permanencia o no de los magistrados del Tribunal de lo Administrativo del Estado (TAE) y del Tribunal Electoral del Poder Judicial del Estado de Jalisco (TEPJEJ). Dos asuntos que descansan en la renovación frustrada de estas instancias jurisdiccionales.

En 1997, como parte de una reforma de estado en Jalisco se modificó la estructura del Poder Judicial, a la que luego le siguieron reformas secundarias como el reducir el TEPJEJ e incorporar la autoevaluación de los magistrados sujetos a ratificación. La primera reforma apuntaba a una renovación total del Poder Judicial, que entonces enfrentó resistencias al interior de éste.
Catorce magistrados del Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Jalisco (STJEJ) optaron entonces en mantenerse en esa instancia asumiendo de facto las reformas, que implicaban someterse a un proceso de ratificación a los siete años por el Poder Legislativo, quien tiene entre sus facultades el integrar órganos de estado. Pero al llegar el tiempo de la renovación (2004), los implicados reconsideraron su lectura de lo hecho; se ampararon en contra del proceso de renovación y acudieron a la SCJN para combatir la reforma que de manera tácita aceptaron, combatiendo ahora supuesta inconstitucional. Las otras instancias, al llegar su tiempo de renovación, hicieron lo mismo, apoyados por el STJEJ, además de otros elementos de circunstancia.
La SCJN definió el pasado lunes 23 de octubre un punto central: los magistrados no son “vitalicios”, y aunque “inamovibles”, deben estar sujetos a ratificación por la decisión soberana del Congreso. Los catorce magistrados implicados, sin embargo, se mantendrán hasta 2014, pues por amparos otorgados se resistieron a colaborar en la renovación de ese poder republicano que en Jalisco permanece en la prehistoria.
Si los otros poderes e instituciones han quedado rebasados en sus estructuras y operatividad por una sociedad más exigente de participación, el Poder Judicial desde la opacidad y la penumbra se aferra en sus terrenos como si fuesen feudos intocables. Si otro poder, como el Legislativo no puede, consideremos cuál es la margen de participación de un ciudadano o ciudadano: nulo. ¿Y así hay que creer en las instituciones?
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