Las leyes, además de garantizar los derechos y obligaciones de los ciudadanos, regulan y facultan al poder público. El ejercicio del poder sin límites y con espacios de discrecionalidad termina atentando al mismo estado de derecho.

La actual Legislatura, la LVIII que comenzó sus funciones el pasado 1 de febrero, se estrenó el pasado jueves con la presentación de tres iniciativas para reformar la Ley Orgánica del Poder Legislativo, que desde distintos planteamientos apuntan a un asunto: eficientar el trabajo en comisiones.
El Congreso se Jalisco, desde 1972 a la fecha, ha tenido tres leyes orgánicas que regulan su funcionamiento. La primera, vigente del 18 de agosto 1972 al 31 de enero de 2004, fue objeto de 42 reformas con 186 cambios y adiciones en 31 años, es decir, 1.4 reformas en promedio cada año; la segunda ley, creada por la LVI Legislatura el 8 de mayo de 2003 y que estuvo en vigor del 1 al 6 de febrero de 2004, no se modificó, sencillamente la abrogaron los diputados de la LVII Legislatura, que entraron en funciones el 1 de febrero de 2004, pues para el 7 de ese mes ya tenían una nueva, hecha por ellos mismos.
Esta tercera ley, en tres años tuvo quince cambios, es decir, cinco en promedio por año con 54 artículos reformados o adicionados (18 por año en promedio).
La LVI Legislatura tuvo la virtud de pactar la integración de todas las iniciativas a la ley orgánica que venía de 1972 para hacer una reforma integral, que a la postre fue una nueva ley.
Los cambios que se hicieron a la primera ley hasta 2003, si se ve desde la integración de las legislaturas que reguló, respondieron a cambios sustanciales en la composición política de cada Congreso, de ahí que el 66.7 por ciento de los cambios a ese marco jurídico se hayan hecho a partir de 1995, cuando la pluralidad marca al Congreso que desde entonces no es unipartidista.
La LVII Legislatura, a pesar de crear una nueva ley, ha superado el promedio de adecuaciones por año, poniendo en entredicho el respeto e institucionalidad que los diputados tuvieron a la propia ley. Las adecuaciones que hicieron a su nueva ley, pareció más un manoseo al marco jurídico para ajustarlo a sus propios enteres. La ley no sólo la “corregían”, se la hacían a modo. La LVIII Legislatura, si quiere ser distinta, lo tiene que evitar.
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