Tres hechos en 2007 marcan a lo medios de comunicación, y apuntan al origen de una dinámica de transición de los mismos: un fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sobre la inconstitucionalidad en las reformas a la Ley Federal de Radio y Televisión, así como a la de Telecomunicaciones; la incorporación en el artículo 6° de la Constitución del “derecho de réplica”; y ahora la iniciativa para crear un nuevo Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe), en particular la propuesta de darle al Consejo General del IFE facultad “para presentar las sugerencias de lineamientos generales aplicables a los noticieros respecto de la información o difusión de las actividades de precampaña y campaña de los partidos políticos”.

Los tres hechos tienen elementos en común, como el acotar al poder fáctico que se ha impuesto en los pasados quince años; los dos últimos hechos, están circunscritos en el marco de una reforma electoral que busca consolidar la partidocracia en México a costa del acotamiento del poder mediático.
La dinámica que han impuesto los partidos políticos a través de sus operadores en el Congreso de la Unión, y Legislaturas locales avalando reformas constitucionales, no han dado margen temporal para que los medios de comunicación, no sólo radio y televisión, reaccionen organizadamente y hagan propuestas; aún más, los medios de comunicación aparecen desarticulados, incomunicados en esta dinámica. La única reacción en grupo que mostraron radio y televisión fue la patética intervención que tuvieron en el Senado de la república cuando se “les escuchó” en la víspera de la reciente reforma constitucional electoral, que ahora se concretiza en una propuesta de nuevo Cofipe.
A los medios de comunicación, no hay que perder de vista, les ha llegado e impuesto extrínsecamente una dinámica de transición. El riesgo, por la vorágine en que se está dando, es que sean sólo actores reactivos y no propositivos; que si intervienen los medios de comunicación sólo sean los del “centro”, los grupos que negocien nuevas reglas, en tanto los medios de la periferia, y sobre todo los periodistas, no tengan ni siquiera voz en este concierto de nuevas reglas entre dos poderes: la partidocracia y la medioicracia económica.

Anuncios