18 de septiembre de 2006
Público-Milenio

El círculo perverso de la fiscalización
Rubén Alonso
La actual Legislatura, que terminará el 31 de enero de 2007, se propuso el siguiente compromiso: “Revisar la función fiscalizadora del Congreso del Estado, a fin de lograr una mayor transparencia y eficiencia en el ejercicio del gasto público, y su fiscalización de forma tal que se brinde certidumbre y credibilidad a los órganos fiscalizadores mediante su profesionalización y el desempeño honesto de sus funcionarios”, y con ello, “renovación integral del órgano fiscalizador a fin de que cumpla con las necesidades presentes y futuras del Estado”.
¿Qué ha sucedido con esto a cuatro meses y doce días de que concluyan los diputados su función? En sentido estricto, nada, y más grave aún, la fiscalización de los recursos públicos a través de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco (ASEJ) está en el riesgo de convertirse en refugio de grupos políticos perdedores del pasado 2 de julio, para hacerla trinchera política contra los ganadores.
Los diputados, además, mantienen el círculo perverso de la fiscalización de recursos públicos, que fomenta la opacidad en al rendición de cuentas. En la ASEJ tal parece que se continúa con la realización de auditorías a modo, con propuestas de cargos que saben de inicio se pueden solventar, y que al difundirse públicamente se convierten en arma política de negociación y de escarnio público en cuanto llegan a manos de diputados.
Los diputados, por su parte, doblegan a los funcionarios y entidades fiscalizadas para que expliquen y aclaren lo que ya hicieron, pero en su territorio, y haciendo de las cuentas monedas de cambio infladas artificialmente.
Esto, sin embargo, no niega actitudes de irresponsabilidad de los sujetos fiscalizados, que ningunean a la ASEJ no dando los elementos aclaratorios sobre le manejo y destino de recursos públicos en el momento en que son fiscalizados. En pocas palabras, los fiscalizados no usan los plazos y términos que les da la ley para aclarar.
Otra Legislatura más que concluye, y en materia de fiscalización queda reprobada, aunque más con sus propias palabras. Y así, ¿se puede confiar en los diputados que presuntamente quieren mejorar la Ley de Transparencia e Información Pública?, ¿consideran los diputados que se puede creer así en las instituciones? ¿Quién las dinamita? Feliz viaje a los diputados que se fueron a Oriente.
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