19 de noviembre de 2012


Apuntes

Robles, al frente de la CEM

Rubén Alonso

José Francisco Cardenal Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara y presidente del Episcopado Mexicano



La elección de José Francisco Cardenal Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara, como presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) se presta para diversas lecturas con implicaciones al interior del Episcopado, como hacia fuera. Presento algunas:

1. Se anula a Norberto Cardenal Ribera Carrera, arzobispoprimado de México. Ya estaba relegado y decaído al interior y fuera del Episcopado, así como en las esferas del Vaticano, pues sus impulsores (Legionarios de Cristo) están fuera de la jugada. A pesar de que la prensa le dé “voz”, esta no es significativa para la Iglesia, incluso incomoda. Y con Carrera, ya sin carrera, Carlos Aguiar Retes, ahora ex presidente de la CEM, y otros obispos como Carlos Berlié Belaunzarán y Onésimo Cepeda. Los ciclos para ellos se han cerrado.
Entre la política secular, la del mundo, y la eclesiástica, hay una sutil pero fundamental diferencia: En la secular los políticos “muertos” resucitan; en la eclesiástica no.
2. No es lo mismo ser presidente de la CEM desde una diócesis de la “periferia” que de una de “peso histórico y político”. Guadalajara es una.
Como recordábamos la semana pasada, entre 1958 y 1982, la presidencia de la CEM recayó en los obispos de Puebla, Guadalajara y ciudad de México. Antes, por el número de clero propio y promoción de obispos para el país, y que se notó en las negociaciones del conflicto religioso de comienzos del siglo XX, sin que existiera una conferencia de obispos como tal, esas diócesis junto con Morelia, conducían los destinos de la Iglesia católica en México.
A partir de 1982, con la elección de Sergio Obeso Rivera como presidente de la CEM, el Episcopado optó por centro de gravitación fuera de las Iglesias tradicionales o “pesadas”. Se ingresaba a la etapa del reconocimiento de Iglesias creando entornos de poca “presencia” para facilitar los diálogos.
Ahora, las condiciones han cambiado y la CEM opta por “fortalecer” su presencia a través de una, si no es que la más importante diócesis del país con clero y promoción de obispos, frente a un gobierno que regresa, el PRI.
Pero no es todo. El nuevo presidente de la CEM, Robles Ortega, de estilo prudente, llega además de lo anterior, con vínculos más que fuertes desde el Vaticano.
Así las cosas, el próximo gobierno federal tendrá que ser más que fino. El Episcopado se ha reagrupado.
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