Rubén Alonso

Cardenales a punto de arrancar el Cónclave: Extra omnes (fuera todos)


Las medidas de control para evitar injerencias externas, así como fuga de información durante el cónclave (bajo llave) en que estarán 115 cardenales electores a partir de mañana en la Capilla Sixtina-Casa Santa Marta de El Vaticano ya operan. Sin embargo, nunca en la historia de la Iglesia se había registrado una “participación” externa tan internacional como la que ahora se registra en el proceso de elección del sucesor de Benedicto XVI.
Y no es para menos. Las circunstancias en que se realiza el cónclave lo propician: la renuncia del Papa quitó el “duelo” que se registraba en toda elección papal; los elementos de entorno en que se dio la renuncia, luego de un año de revelaciones del Palacio Apostólico, propician especulaciones; es el cónclave con mayor representatividad internacional (66 naciones); la disposición y acceso a información sobre cada uno de los electores, sobre la propia Iglesia y sus asuntos internos; el flujo de la información a través de Internet hace de este evento “bajo llave” el más observado y que por su naturaleza provoca más expectativa e intrigarías.
La agenda de la Iglesia a escala mundial que está en juego es amplia. Está lo de coyuntura mediática, como casos de pederastia y finanzas vaticanas; pero hay otra agenda de largo plazo y clave para su misión y funcionamiento. Son elementos que al interior pesan más que los de coyuntura, y que versan con el impulso del Concilio Vaticano II, sobre la Iglesia en el mundo actual, más cambiante que hace 50 años: la autoridad y operación de la Iglesia a través de la llamada Curia Romana y con ello la colegialidad de los obispos en las naciones y en el mundo.
Son asuntos de fondo, que tocan posiciones llamadas conservadoras y liberales, pero más allá de si el rito es en latín o no. Es un tema sobre la naturaleza y misión de la Iglesia, así como su operatividad y su relación con ella misma al interior y con el exterior.
En la elección del próximo Papa está el replanteamiento de una Iglesia que redimensionaría el ecumenismo, y sobre todo, si se abre o se cierra; si la transparencia llega al ejercicio de su “poder”, o en analogía, vuelve a “celebrar de espaldas al pueblo y en una lengua distinta al común” (latín), que incluso al interior de ella, pocos la hablarían fluidamente. Un Cónclave para abrir puertas, esperaría.
Twitter: @jrubenalonsog

Fuente: Milenio-Jalisco
11 de marzo de 2013
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