Rubén Alonso

Emilio González Márquez, Gobernador de Jalisco 2007-2013

Hace seis años me incorporé a la Administración estatal que encabezó Emilio González Márquez, invitado para un proyecto específico: colaborar en transparencia. Para ello, consulté y reflexioné las implicaciones personales y profesionales, como lo he hecho en otros momentos de mi vida. Ahora, al terminar la función pública, deseo cerrarla abiertamente destacando algunos puntos, no todos, pero que considero necesarios compartir.
Me invitaron a colaborar y lo acepté porque no hubo compromiso inconfesable alguno, ni mucho menos consigna. El proyecto fue específico, común y para todos. Implicó un cambio de trinchera para la misma causa. En ello estuve integrado hasta octubre de 2010, cuando Emilio González Márquez me pidió que lo apoyara en el área de comunicación. Lo acepté, sin dejar del todo lo primero, pues se trataba de un servicio para el interés y bien común en el ejercicio público.
En estos seis años, conocí a seres humanos conscientes de la carga que implica el ejercicio de gobierno. Conocí a servidores públicos, jóvenes y algunos con años en su función. Hombres y mujeres que les mueve hacer el bien, profesionales, responsables. Mi respeto y admiración.
De manera particular conocí a Emilio González Márquez en sus facetas de ser humano, hombre de familia, de fe, político, gobernador. Escuché y leí mucho sobre él, en muchas circunstancias; escuché y leí sobre él juicios apasionados, temerarios y sumarios.
La imagen construida y difundida sobre él y que se impone como “realidad”, tan válida en el ejercicio de la libertad de expresión, estimo dista mucho de la realidad de carne y hueso: congruente, honesto, respetuoso de las diferencias; sencillo en el ejercicio del poder público, sensible al dolor del otro; pensando siempre en ayudar, no en ayudarse ni servirse; autocrítico. Por cierto, para quienes les preocupan los fantasmas, ¡aún no encuentro al Yunque! Claro, hay quien dice que no lo veo porque sería también del Yunque.
Agradezco a Emilio la confianza, y a quienes con él formaron equipo; agradezco la oportunidad de aportar y ayudar desde una trinchera que no busqué ni pedí, para una causa y fin común. Gracias a Imelda Guzmán, pues en ella con Emilio vi el ejemplo del trabajo y la lucha que sólo la explica el amor y la generosidad de quienes comparten la vida y las causas.
Fuente: Milenio-Jalisco
25 de febrero de 2013
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