18 de febrero de 2013

Apuntes

Benedicto XVI ante su conciencia

Rubén Alonso

Benedicto XVI


El obispo de Roma, Benedicto XVI, primus inter pares (primero entre iguales) en la Iglesia católica, adelantó el proceso de sucesión en la cátedra de Pedro que al menos desde hace dos años se había intensificado. En lugar de atestiguar desde un proceso personal, humano en declive, cómo grupos tomaban el control del gobierno ordinario de la Iglesia católica desde el Vaticano; antes de que algún grupo “amarrara” una sucesión, sorprendió con su renuncia, precipitando hechos.
La decisión de Benedicto XVI en sentido estricto no es sorprendente; antes bien es congruente de un hombre de Iglesia, profundo de fe y racional; en él se muestra un equilibro entre fe y razón; no por algo se vio su mano en la encíclica Fides et Ratio de Juan Pablo II (14 de septiembre de 1998: http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/encyclicals/documents/hf_jp-ii_e…).
Examen, conciencia y certeza, ante Dios, para una decisión personal (“con plena libertad”) sobre una responsabilidad. Quien haya tomado decisiones conjugando estos elementos, no tiene más que guardar silencio, reconocer, respetar y solidarizarse. En la historia personal de cada individuo hay momentos en que se toman decisiones que cambian y reorientan la vida personal y la de otros; en determinadas circunstancias más la de otros. En el caso de Benedicto XVI, por su responsabilidad, pesó más lo de otros, lo de la Iglesia misma, haciendo de su decisión un acto profundamente generoso, humilde, poco comprensible en la vorágine, emotividad e intensidad del mundo actual. No es fácil, no es sencillo.
¿Y por qué Juan Pablo II no hizo lo propio? Porque era otro individuo que atendió a su propia conciencia (ese santuario personal donde sólo Dios y la persona tienen cabida) en circunstancias completamente distintas. No cabe una comparación simplista.
Benedicto XVI, considero, se erige como paradigmático en la toma de decisiones.
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