18 de marzo de 2013
 

Apuntes

Primero Francisco, luego Papa

Rubén Alonso

Jorge Mario Berboglio, ahora Francisco, tras su presentación con Obispo de Roma-Papa
 
 
Los gestos y palabras de Jorge Mario Bergoglio, jesuita, arzobispo de Bueno Aires, Argentina, ahora como obispo de Roma y por ello, “presidiendo en la caridad” (como escribió Ignacio de Antioquía en su carta a los Romanos, camino a esa ciudad, año 110 de la era cristiana), han cautivado, pero también preocupado dentro y fuera de la Iglesia católica. ¿Qué hará este nuevo Papa?

Es muy rápido para saberlo, y sólo nos movemos en el terreno de la especulación buscando en el pasado de Bergoglio y en interpretaciones sobre sus gestos y palabras. Tal vez estemos ante un cambio de estilo en el ejercicio del poder en la Iglesia católica, o sea la antesala de un proceso de autorreforma. El tiempo nos los mostrará, y clave serán dos momentos próximos: la ceremonia del próximo martes 19 en que inicie formalmente su pontificado y la integración estable de la Curia Vaticana tras la ratificación “donec aliter provideatur” (hasta que se provea o disponga lo contrario) de los miembros que operaron con Benedicto XVI. Aún, pues, faltan decisiones de conducción, de gobierno, más que gestos en el ejercicio del mismo.
¿Qué se espera de Francisco Papa? Al interior de la Iglesia, la clave está en lo que los cardenales plantearon y discutieron en las 152 intervenciones durante las diez congregaciones previas al Cónclave. Por lo compartido, un punto es común: reformar la Curia Vaticana, es decir, el gobierno central de la Iglesia católica; en tanto, al exterior de la Iglesia, el abanico de “necesidades” es mayor. Conciliarlas, requerirá de un proceso sabio de apertura para el diálogo, y que no implicará de suyo un plebiscito. Estimo que la agenda interna será la primera en atender, y de ella dependería qué Iglesia sería la que se plante hacia fuera.
Y si de necesidad se trata, reformar la Curia Vaticana tendría que apuntar para hacer de ella más un instrumento de Iglesia, que un instrumento de Estado (menos Estado, más Iglesia, más evangélica; en la línea de Lumen Gentiun y Gaudium et Spes); y si esto se quiere para toda la Iglesia católica, replantear el perfil de obispos, para que sean más pastores que hombres de carrera eclesiástica letrada.
Francisco Papa, o sea, más Francisco que Papa, además de gestos, bien podría asumir la vocación (llamado) del hombrecillo de Asis: “Francisco, repara mi Iglesia; ¿no ves que está en ruinas?”
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