Al centro, diputada presidenta de la Comisión de Participación Cudadana

La elección del presidente del Instituto de Transparencia e Información Pública del Estado de Jalisco (ITEI) entró a una fase crítica y definitoria. Previsible, sí; deseable, no. Previsible por algunos actores que intervinieron y manotearon, incluso por aspirantes; deseable, no, porque en juego estaba el rescate de lo pervertido, lo perdido, la garantía del derecho de acceso a la información.
La integración de órganos de Estado es una de las tareas sustantivas del Poder Legislativo, en particular del Congreso. Así está diseñada nuestra estructura política. Otra cosa sería revisarla y replantearla. Pero, mientras, así está. Todos podemos opinar y participar en los procesos, máxime cuando estos son fundamentales en una sociedad que se concibe democrática, pero no perdamos de vista que al final de un tramo, alguien tiene que tomar la decisión y afrontar la responsabilidad de la misma, porque lo que es exclusivo de todos, termina siendo de nadie.
La elección del presidente del ITEI, como ha sucedido en lo Electoral y Derechos Humanos, se pervirtió y se pervierte constantemente con la intervención de actores ajenos como los partidos políticos y agentes que lo controlan desde los llamados poderes fácticos (esos que deciden y no rinden cuentas, pues no operan en la luz ni con reglas publicas).
El factor de plazas y presupuesto que significa para esos actores en la integración de órganos concebidos como “ciudadanos” o “ciudadanizados” ha hecho de éstos botín, extensión de las estructuras burocráticas y de control político.
La estrechez de mira, la incapacidad, la testarudez, la soberbia, factores de la naturaleza humana que indicen directamente, complican los procesos reglamentados. No participaré, sí participo, repruebo una evaluación, se conoce públicamente el resultado, y al tocar mi orgullo (falsa dignidad), hago berrinche y pongo una vez más en entredicho el todo por el capricho individual. Estimo que con lo que sucedió esta semana al conocerse los resultados del examen a los aspirantes a consejero presidente del ITEI evidenció lo ya conocido: la carne de burro no es transparente.
Aún es tiempo de salvar el proceso de elección de presidente del ITEI. Dejemos a los observadores y diputados que asuman su responsabilidad, y por un mínimo de decencia, hacer (se) a un lado lo individual por el bien general, el común. El derecho a la información está en juego.
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