Al centro, el consejero presidente del ITEI saliente,
Jorge Gutiérrez Reynaga, en el pleno del consejo

El próximo domingo 30 de junio, a más tardar, el Pleno del Congreso del Estado deberá elegir a un consejer@ con su respectiv@ suplente para el Instituto de Transparencia e Información Pública del Estado de Jalisco (ITEI). La decisión será entre tres: Alfredo Delgado, Cinthya Cantero y Héctor Ontiveros. Los tres conocen al ITEI por dentro desde sus orígenes; tienen conocimiento probado sobre el tema; han observado al ITEI desde otras trincheras.
El periodo para el que algun@ será elegid@ será del 2 de julio próximo al 1 de julio de 2017. Será el tercer@ que encabece el aún joven instituto. En lo personal, estimo como apremiantes los siguientes puntos para la agenda del ITEI:
Autonomía y libertad ciudadana. El ITEI es un órgano de Estado, concebido con carácter ciudadanizado. Su autonomía se construye desde su naturaleza constitucional (de iure), pero su vida autónoma se edifica y desarrolla desde la parte constitutiva y fundante del Estado: el ciudadan@. No son contrapuestos, pero si en tensión permanente (que no quiere decir conflicto), pues al ser un órgano garante de derechos fundamentales ante el ejercicio del poder público, éste reacciona auto protegiéndose. Pero el reto del ITEI no es autonomía y libertad ante el poder público, sino ante el poder de facto, el que está sin reglas y que incide, controla, somete al poder público. Y para librarse de él, el mejor aliado es el (la) ciudadan@, el (la) organizad@ y el (la) no organizad@; el (la) que tiene agendas públicas, no agendas ocultas.
Purgar al ITEI de la judialización del derecho a la información y transparencia. Con la actual ley y la estructura operativa del ITEI se ha hecho de este una especie de órgano parajudicial hasta en las formas: el presidente saliente diseñó el salón del plenos del Consejo (órgano colegiado) en forma de tribunal de alzada; se preocupan más por las formas sujetas a normas administrativas para el acceso a la información que en el fin de la propia norma: que cualquier persona acceda, disponga, use, difunda lo que es suyo: información pública. Descargan las formas en el ciudadano(a) y no ayudan.
Lo anterior, implicaría una reingeniería y purga del ITEI, y a la par un cambio de visión y actitud, tan evidente-transparente en alianza ciudadana (ninguneada, menospreciada, anulada por el presidente saliente) que reconstruya confianza en función de su fin: garantizar el derecho a la información.
Fuente: Milenio-Jalisco
24 de junio de 2013
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