Manifestaciones en Brasil en el marco del
comienzo de la Copa Confederaciones de Fútbol 2013


Desde acá, Brasil volvió a ser noticia. Un rostro brasileño emergió, se visibilizó en el marco de la Copa Confederaciones con hombres y mujeres que salieron a la calle de manera paralela a la algarabía futbolera. La televisión y el resto de medios convencionales poco a poco fueron dando cuenta de ello con parcialidades y reduccionismos simplistas como el plantear que se todo se debía al incremento de las tarifas del transporte.
Brasil, “modelo” impulsado y promocionado como potencia emergente y global, crecimiento sostenido, democracia incluyente y participativa, reductor índices de marginación-pobreza y ampliación de clases medias ahora comienza a ser foco de atención, ahora es foco de atención más allá de la fiesta televisiva.
A Brasil habrá que seguirlo fuera de de la noticia a cuadro y de la fiesta de unos cuantos y de capitales del próximo mundial de fútbol (2014) y de las olimpiadas de verano (2016). Es un asunto apremiante que está a la vuelta de la esquina de México y de lo cual no podremos sorprendernos a corto plazo cuando en las calles de nuestras ciudades sean tomadas por “indignados”, ya que no sólo participamos del mismo modelo que ha visibilizado lo que está construyendo un “no futuro” colectivo, sino excluyente para mayorías y acumulador para pocos.
Y no es cuestión de ser catastrofistas, aves de mal agüero, profetas de la incertidumbre. Elementos del modelo brasileño, combinados con dosis similares que han detonado la acción de “indignados” en otras latitudes, han sido asumidos por el gobierno de Enrique Peña Nieto. Como muestra está la Cruzada contra el Hambre, la ruta de reforma energética, la cooptación de movimientos sociales, la difusión propagandística-legitimadora y selectiva a corto plazo de persecución a políticos corruptos.
Los brasileños tuvieron estos días un pretexto para visibilizarse, este mes tendrán otro con la visita de Francisco Papa dentro de 22 días con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud y que puede ser considerado de pronóstico reservado más allá de lo que la televisión y demás medios convencionales decidan mostrarnos.
En México el asunto no está para esperar ni para sorprendernos, máxime cuando las condiciones son más apremiantes que las brasileñas y no hay “fiestas” a la vista con las que se pueda distraer mediáticamente la atención.
1 de julio de 2013
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