Juan Pablo II y Juan XXIII
Francisco Papa, en audiencia con el cardenal prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, aprobó el pasado 5 de julio tres milagros, 29 martirios de igual número de personas y cinco casos de virtudes heroicas, que llevarán a los altares a dichas personas; pero aparte, en situación de virtud heroica el caso de Angelo Giuseppe Roncalli, mejor conocido como Juan XXIII o el “Papa Bueno” del Concilio Vaticano II.
De todo este grupo, Roncalli y Wojtyla centran la atención mediática por haber sido papas y porque serán canonizados antes de que concluya 2013, es decir, declarados santos y con ello permitir su culto general (el beato es para culto local).
Para llegar a los altares se necesita quién los promueva, y con ello se echa a andar una maquinaria que tiene costos así como quien lo pague: comisiones, estudios, análisis, peritos en teología, medicina, historia y otras disciplinas; postuladores en los lugares de los promovidos y en el Roma. El 25 de enero de 1983, Juan Pablo II modificó las normas para los procesos de beatificación y canonización, simplificándolas. El “promotor de la fe”, conocido como “abogado del diablo”, vio reducidas sus funciones con las nuevas disposiciones de Juan Pablo II (Constitución Apostólica “Divinus Perfectionis Magister –El Divino Maestro y ejemplo de perfección–:http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_constitutions/docum…). Con estas disposiciones, con Juan Pablo II se canonizaron 482 personas, en su mayoría clérigos y religiosas y religiosos, laicos y laicas consagradas (célibes), y muy pocas y pocos laicos de a pie, sin instituciones u órdenes religiosas que los promovieran asumiendo los costos como sucede con los primeros.
En el caso de Wojtyla y Roncalli llama la atención para que Francisco Papa haya “adelantado” su canonización sin otro milagro de por medio. Pareciera una incorporación de contraste donde se resalta más un actuar que una intercesión milagrosa; o bien, el “milagro” de Juan XXIII se dio en vida al dejarse mover y mover a toda una Iglesia convocando al Concilio Vaticano II.
8 de julio de 2013
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