El año próximo, 2014, será tiempo intenso para la reforma-renovación de la Iglesia católica desde distintos frentes a los que Francisco Papa ha llamado e iniciado. El 17 y 18 de febrero, víspera del primer consistorio del día 22, en el que el pontífice anunciará nuevos cardenales, el llamado C8 ó grupo de ocho cardenales que integran el consejo papal para la renovación de la Curia Vaticana, se volverán a reunir y compartirán con los demás cardenales las propuestas-líneas de reforma vaticana; pero ello no queda ahí, Francisco Papa con su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium –EG–  (La alegría del Evangelio), planteó líneas que el mismo llamó “programáticas” y de “consecuencias importantes” para toda la Iglesia (EG, No. 25. Ver: http://bit.ly/1a0RqUi).

EG forma parte del magisterio ordinario del obispo de Roma a toda la Iglesia. Es una exhortación, no hay que perder de vista, pero la cual provocará, no inferirá, disposiciones que la Iglesia asuma a través de sus distintas estructuras y recursos, como planes de pastoral o sínodos, y por qué no, Constituciones Apostólicas, Motu Proprio, emanados el Papa; y si los obispos se meten con seriedad en lo planteado por Francisco Papa, disposiciones en los Episcopados nacionales o en sus propias diócesis donde tienen potestad ordinaria.

Clave no central, pero sí de arranque operativo para lo que propone Francisco Papa, destaco por ahora el capítulo primero, “La transformación misionera de la Iglesia”, en el que es clave la conversión, reforma, renovación, participación, escucha, para cambios desde la base eclesial hasta la propia revisión del ejercicio petrino: “Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado. Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización. El Papa Juan Pablo II pidió que se le ayudara a encontrar ‘una forma del ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva’. Hemos avanzado poco en ese sentido. También el papado y las estructuras centrales de la Iglesia universal necesitan escuchar el llamado a una conversión pastoral”.

Más claro no puede ser. ¿Qué y cómo le harán nuestros obispos mexicanos? 

Fuente: Milenio Jalisco 23 de diciembre de  2013

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