La elaboración de leyes secundarias en materia de telecomunicaciones, materia electoral y energética, cerrar la reforma constitucional en materia de transparencia y acceso a la información, así como la elaboración de Ley General de Transparencia, con los consecuentes impactos en las entidades del país, son temas nodales y de trascendencia en la vida cotidiana, económica, política y cultural que los legisladores federales y locales deberán definir en el primer cuatrimestre del año de comienza.

Estamos ante distintas pistas con las que se construirá futuro; es el tejido fino, donde los principios constitucionales deberán concretizarse en normas específicas que regulen lo hasta ahora ofrecido como promesa.
De entrada, podríamos preguntarnos y preguntarles a los legisladores qué plantearán con las normas secundarias, pues ahí estará la clave de las intenciones planteadas y debatidas en cada uno de los temas. Incluso, tienen la obligación de mostrar abiertamente las propuestas que luego debatirán en comisiones y el pleno del Senado y de la Cámara de Diputados. Sin embargo, hay un elemento todavía más crucial que hay que identificar y en ello los legisladores ser transparentes: quiénes son los actores que no legislan en las cámaras, pero sí incluso “dictan” qué poner en las letras, dónde poner las “puertas” y los “candados” para lo que está en juego: los capitales, las empresas y sus dueños que harán negocio, sobre todo en materia de telecomunicaciones y materia energética; quiénes son esos “legisladores de sombra” que estarán “dictando” qué sí y qué no en materia electoral; quiénes son los que delinearán hasta dónde y en qué delimitar el juego de los espacios de poder político con las adecuaciones electorales.
Considerando a estos actores, visibilizándolos, podremos constatar una cruda realidad: los legisladores quedan reducidos a simples operadores, como corredores de bolsa temporales que sólo hacen las transacciones que los verdaderos dueños instruyen.
Mientras no se visibilicen los rostros de los “reales legisladores”, con nombre y apellido, todo debate en materia energética, electoral, de transparencia, de telecomunicaciones, será un simple verborrea que llene espacios de dimes y diretes mediáticos; de titulares encriptados, cortinas que ocultan  a los operadores reales.
Fuente: Milenio Jalisco 6 de enero de  2014

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