Un elemento fundamental de la transparencia es la visibilidad del “objeto” en sí, como es, no como se quiere mostrar. En el caso de la función pública, el “objeto” a transparentar es el ejercicio mismo de la función, establecida, delimitada por la ley. De manera específica, estamos hablando del ejercicio del poder público, delegado mediante el voto ciudadano para una función definida; y el poder público se ejerce en toma de decisiones.

Con dificultades, con avance en algunos rubros, con retrocesos en otros; con resistencias, en México y Jalisco hemos avanzado construyendo mecanismos que propicien la visibilidad del ejercicio del poder público. Este avance tiene como base otro avance recudido, limitado a pequeños grupos, y es la toma de conciencia de lo imprescindible que es la transparencia en el ejercicio de la función pública. Gracias a ello, no se ha eliminado de la agenda pública el tema de la transparencia.
La primera finalidad de visibilizar el ejercicio del poder público es la rendición de cuentas. La transparencia, con sus mecanismos y recursos, es en sí un medio; no es fin. Y la rendición de cuentas, tampoco es fin en sí, sino otro conjunto de mecanismos y herramientas que permiten que quien ejercer una función pública responda ante quien lo puso en dicha función, la cual en sí misma es para garantizar lo básico en una sociedad: condiciones para el desarrollo de la persona en comunidad. Y de aquí, se desprenden elementos específicos: salud, educación, empleo, recreación, deporte, cultura, seguridad personal y patrimonial, etc.
Siendo así las cosas, si hablamos de transparencia efectiva y eficaz, de avance en ella, tendríamos que medirla en función de sus finalidades primeras y últimas; no reducir una evaluación o avance en transparencia en la formalidad de publicar o publicitar información. ¿A qué abona pues el ser transparente?, ese es nuestro punto de referencia.
Y desde esta lógica, podemos dimensionar la gravedad de ocultar información desde la manera burda como negarla explícitamente, o incluso con dolo perverso: ocultarla, disfrazarla, relativizarla, maquillarla.
Imagínese usted: si ocultan, niegan, disfrazan, relativizan, lo poco como el recurso público para casas de enlace de diputados, ¿qué otras cosas no estarán en la misma o peor tesitura?
Sin transparencia no hay rendición de cuentas; transparencia sin rendición de cuentas, es cinismo.
Fuente: Milenio Jalisco 20 de enero de  2014

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