Encíclica Laudato Si
No es un tratado de ecología, ni científico ni teológico; es una invitación al diálogo integral, sistémico, sobre el “cuidado de la casa común”, el que hace Francisco Papa en su carta encíclica Laudato si’ (LS). No es una encíclica “verde”, es una encíclica “social”, precisó Francisco a los miembros del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales el mismo día que se difundía oficialmente el documento.

El que no sea “verde” es un asunto no menor, pues si se ve como tal pierde la integralidad del mismo, y una de sus líneas fundamentales: “un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (LS, n. 49).

A la carta LS (“Alabador seas”, del Cántico de las Criaturas de San Francisco de Asís) se puede ingresar desde distintas puertas. Aunque su origen es papal y es para la Iglesia católica “magisterio” (enseñanza ordinaria), su estructura y tono dista mucho de ser “pontifical”: está en la línea del magisterio eclesiástico instaurado en el Concilio Vaticano II, y como señala el teólogo Leonardo Boff, muestra la forma mentis (la manera de organizar su pensamiento) de Francisco, quien lleva al magisterio pontificio el método latinoamericano de hacer teología: ver, juzgar, actuar y celebrar, ya presente en el magisterio latinoamericano y que Francisco, siendo cardenal Jorge Bergoglio, al frente de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM), imprimió.

LS surge a cinco meses de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2015, a realizarse en París, Francia, del 30 de noviembre al 11 de diciembre próximos. No es un “documento de trabajo”, pero da elementos para abordar el tema sin las fronteras sectarias “ecologistas y verdes”. De ahí, en parte, la invitación al diálogo: “En esta encíclica, intento especialmente entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común” (nn. 3, 14, 15, 60, 62-64, 81, 143, 163-201).

Laudato si’ anima la esperanza, provoca a que desde lo local participar en el cuidado de la casa común con una visión antropológica de corresponsabilidad, no relativista y de dominio; pero sí desde los descartados, desposeídos, los pobres (que tanto incomoda a la derecha conservadora).

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