02489_30052014De Roma viene, lo que a Roma va, dice un viejo adagio eclesiástico, y no será excepción ahora con la vista de Francisco Papa a México del 12 al 17 de febrero próximos. Jorge Mario Bergoglio ha sido informado, de primera mano, de México: además de intercambios epistolares, fichas informativas, la visita Ad Limina de los obispos mexicanos al Vaticano en mayo de 2014 fue el momento propicio que le dio el contexto y abrió la sensibilidad.

La visita del Obispo de Roma a México habrá que “seguirla” en lo que diga y haga públicamente, más allá de lo histriónico y comercial que los medios de comunicación transmitirán centrándose en sobredimensionar lo espectacular y sentimental; pero también hablará y actuará en privado, sobre lo cual se espera un trabajo periodístico, es decir, que se cuente lo que no se ve y no se oye.

De lo que diga en público se podrá seguir o recuperar en el sitio que dispuso el Vaticano (http://bit.ly/1Pf2qnP). Los obispos de las diócesis que visitará, en particular San Cristóbal de las Casas, Morelia y Ciudad Juárez, ya lo anticipan, y sin señalarlo explícitamente refieren que no será “cómodo” lo que diga para quienes desde la Administración de Enrique Peña Nieto se han esforzado en “conducir” y “suavizar”. Las autoridades gubernamentales mexicanas han cometido la imprudencia diplomática de pretender incidir en lo que diga y haga el Papa. Eso sólo ha provocado encender lo contrario. Se les olvida que no están ni estarán frente a Juan Pablo II, y sobre todo, consideran que a Francisco lo pueden tratar como si fuese un político más a la usanza mexicana.

En medio de todo esto, habrá un momento fuera de cámaras y micrófonos, el llamado “solo episcopi” (un especie de extra omnes –fuera todos- para hablar “sólo obispos”, como lo hacen en sus asambleas). Los obispos están a la expectativa de un “jalón de orejas”: lo esperan y lo desean, pues las voces al interior del Episcopado crecen a favor de salir del marasmo. El llamado clave es y será: “No tengan miedo”.

Si la visita genera atención, más merecerá lo que suceda tras ella: ¿qué provocará sobre todo al interior de la Iglesia mexicana? Entonces, se abre un momento posterior: la primera semana de abril, cuando se reúna en asamblea el Episcopado para su renovación y definición de plan de trabajo para los siguientes años.

De Roma viene, lo que a Roma va. Claro, hay voces que Francisco ha escuchado y serán replicadas en México con mayor intensidad.

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