El 20 de mayo pasado, en el Seminario Mayor de la Arquidiócesis de Guadalajara, Juan Carlos Núñez Bustillos, David González Vidaurri y José Rubén Alonso González, recibimos el Premio Católico al Comunicador “José Ruiz Medrano”, en el marco de la 50° Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

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A continuación, mi intervención al recibir el reconocimiento:

En casa, desde pequeños, con nuestras primeras palabras incorporamos algunas palabras para satisfacer necesidades, como “me das” y “quiero”, y otras suaves como “necesito”, “me pasas” esto o aquello. Pero junto a esas palabras, invariablemente, nuestras madres con pronta intervención correctiva nos recordaban que había otras: “con permiso”, “por favor” y “gracias”. Con el tiempo, estas últimas palabras adquirieron su profundo significado, más allá de la cortesía o de los buenos modales en la convivencia social: “con permiso”, “por favor”, “gracias”, entrañan un profundo reconocimiento del otro; de quien está frente o a mi lado. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia! (Salmo 118, 1)

¿Qué decir cuando se otorga algo inmerecido, no pedido? Muchas gracias. Y en esta entrega del Premio Católico al Comunicador “José Ruiz Medrano”, reconozco con Ustedes, lo que Pablo de Tarso dijo de sí: Gratia autem Dei sum id, quod sum -Por la gracia de Dios soy lo que soy- (1 Cor. 15, 10). Espero que no sea en vano.

Comunicar es más que emitir mensajes. Es más que un intercambio de información. Es la actividad humana más profunda, pues con ella se crea, se construye; aunque también con la comunicación se “descrea” y se destruye. ¿Qué sucede cuando la comunicación no está al servicio de las personas y las culturas, la economía humana, de las relaciones humanas, de la educación, del cambio social? Los efectos y consecuencias están a la vista.

Es por ello que los principios que se aplican en la comunicación se mantienen vigentes y son apremiantes: “la solidaridad, la subsidiariedad, la justicia, la equidad y la responsabilidad en el uso de los recursos públicos y en el cumplimiento de funciones de responsabilidad pública. La comunicación debe ser siempre veraz, puesto que la verdad es esencial a la libertad individual y a la comunión auténtica entre las personas”[1].

Pero, los principios éticos antes descritos y aplicados a la comunicación social, hay que recordar, no sólo conciernen “al contenido de la comunicación (el mensaje) y al proceso de comunicación (cómo se realiza la comunicación), sino también a cuestiones fundamentales, estructurales y sistemáticas, que a menudo incluyen múltiples asuntos de política acerca de la distribución de tecnología y productos de alta calidad (¿quién será rico y quién pobre en información?, pregunta el Pontifico Consejo para las Comunicaciones Sociales)”, y de ahí se llega a “implicaciones económicas y políticas para la propiedad y el control” de los medios de comunicación, como la generación, distribución y consumo de contenidos.[2]

Gozos y esperanzas

La comunicación profesional experimenta y atraviesa por transformaciones derivadas, básicamente, de dos factores: desarrollo y uso de tecnologías de la información que han hecho del tradicional consumidor o audiencia un productor simultáneo; en cada persona se identifica un generador y productor de contenidos convergentes en textos, imágenes y sonidos.

Por ejemplo, la producción y distribución, accesible de contenidos en Internet es abrumadora y hasta asfixiante al grado de no poderla procesar, asimilar; haciéndose esta efímera y en ocasiones sin sentido. Para este año, 2016, en todo el mundo, se estima que cada 60 segundos se ven 69,444 horas  de series y películas en Netflix, se envían 150 millones de correos electrónicos, se comparten 527,760 fotografías cada minuto, se envían 347 mil twits, se postean 38,194 fotos en Instagram, se observan un millón de microvideos en Vine, se escuchan 38,052 horas de música en Spotify, se realizan 2.4 millones de búsquedas a través de Google cada 60 segundos, se observan 2.8 millones de videos en YouTube, se envían más de 20 millones de mensajes por WhatApp, más de 700 mil personas se conectan a Facebook.

Los comunicadores profesionales se apasionan con las nuevas dinámicas de comunicación, la capacidad de generar contenidos, de interactuar con las audiencias como nunca antes se hubieran imaginado. Se anuncia que Internet favorezca a una mayor democratización de la información y el conocimiento, para mejores condiciones de vida, para decidir y transformar.

Tristezas y angustias

Pero también estamos ante tristezas y angustias. La anunciada democratización de la información y el conocimiento no se registra como se anticipaba, y como se anuncia desde el poder, desde arriba, pues la democratización supone acceso a las tecnologías, y estas están supeditadas al mercado y los grupos que los controlan, incluyendo la producción, distribución y consumo de contenidos.

Por otro lado, en nuestra situación mexicana, hay tristezas y angustias que viven y en las que atraviesan comunicadores profesionales, periodistas, hombres y mujeres: están solos, aislados, ignorados, denostados, así como puestos y mantenidos en situación de vulnerabilidad desde el poder político y  económico, así como el crimen organizado.

Todos los informes sobre el ejercicio de la libertad de expresión en México son coincidentes: el ejercicio del periodismo es de “alto riesgo”, y éste va en aumento cada año.

Artículo 19, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Freedom House, Amnistía Internacional, la Sociedad Interamericana de Prensa, los observatorios nacionales, incluso los registros de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, dan muestra de ello.

Las llamada “numeralia del miedo” que expone Artículo 19 en su más reciente informe de marzo pasado nos interpela: En 2015, las agresiones contra comunicadores se incrementó 21.8 por ciento, una quinta parte; se registra una agresión contra periodistas cada 22 horas en promedio. Las agresiones contra periodistas provienen en su mayoría de funcionarios públicos (46.9 por ciento). “Brindar información se ha convertido en una actividad de alto riesgo en México, toda vez que los gobiernos, intolerantes a la crítica, y el crimen organizado, con gran poder en varias regiones del país, amenazan con silenciar estas voces”.[3]

Otros datos, sin olvidar a quienes han tenido que abandonar sus tierras para “sobrevivir”: de 2000 a la fecha, 94 comunicadores han sido asesinados en México, de los cuales 87 hombres y 7 mujeres. Veracruz encabeza la lista de muerte de la libertad de expresión con 20 asesinatos, le sigue Tamaulipas con 13, luego Chihuahua con 11, Oaxaca y Guerrero con nueve cada uno, Sinaloa con 5, Michoacán con 4, Estado de México, Durango y Coahuila con 3 cada uno, Distrito Federal, Tabasco, Sonora y Nuevo León con dos cada uno; Baja California, Zacatecas, Puebla, Querétaro, Guanajuato y Quintana Roo, con uno cada entidad.

A lo anterior, habrá que considerar otras situaciones de “tristeza y angustia”: las condiciones de vulnerabilidad salarial y de condiciones de trabajo en que se encuentran la mayoría de los comunicadores profesionales. Sujetos a empresas o de manera independiente. Esta situación es aprovechada por grupos de poder para inhibir, controlar, comprar, subordinar a personas, su trabajo, sus contendidos, su dignidad.

Pero retomo una esperanza. La crisis en la comunicación profesional, el periodismo, sea por el agotamiento del modelo empresarial de la producción, distribución y consumo de contenidos, sea por las adaptaciones que experimentan los comunicadores con las tecnologías de la información y la comunicación, y las disposiciones legales que favorecen la concentración de los medios de comunicación en pocas manos, así como la anulación de los medios públicos, no comerciales, provoca que muchos exploren nuevos horizontes, nuevas formas de comunicación, desde la periferia de los centros de poder. Eso es esperanzador, pues ¿cómo rescatar, redignificar, impulsar el ejercicio de derechos fundamentales, como como son la libertad de expresión, la libertad de difusión, el derecho a la información, en el centro de quienes lo han pervertido y llevado a la crisis en que está?

Para esta realidad, considero, hay que formar nuevas generaciones de comunicadores. Hace 54 años, un año antes de la aprobación del decreto conciliar Inter mirifica  de 1963, sobre los medios de comunicación, con visión, cuando marginalmente unos cuantos consideraban la necesidad de formar periodistas, Santiago Méndez Bravo fundó lo que a la postre sería la primera escuela de periodismo del Occidente del país y de las primeras en México, la UNIVA; luego sería una licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación; y casi a la par, cinco años después, surgirá la carrera de comunicación del ITESO.

Una sociedad que deja al mercado, a los grupos de poder y sus intereses, el ejercicio de derechos fundamentales como la libertad de expresión, de difusión y derecho a la información, pone a la persona a expensas de ese mercado; una sociedad que no apuesta por la formación y protección de sus comunicadores renuncia a sí misma. La calidad de vida, la calidad de la democracia, de desarrollo de una sociedad, de las personas, guarda una relación consustancial con la calidad de periodismo, libertad de expresión, derecho a la difusión y derecho a la información que se desarrolla y ejerce. Es tu termómetro.

Gaudium et spes, luctus et angor hominum huius temporis, pauperum praesertim et quorumvis afflictorum, gaudium sunt et spes, luctus et angor etiam Christi discipulorum, nihilque vere humanum invenitur, quod in corde eorum non resonet. […] Quapropter ipsa cum genere humano eiusque historia se revera intime coniunctam experitur.

“Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. […] Esta [la Iglesia) por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia.”  (Gaudium et Spes, No. 1)

¿Hay una íntima y real solidaridad con esta historia del periodismo?

Muchas gracias.

Buena noche.

[1] Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales. Ética en las comunicaciones sociales. Ciudad del Vaticano, 4 de mayo de 2000. URL:

http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/pccs/documents/rc_pc_pccs_doc_20000530_ethics-communications_sp.html

[2] Ibid.

[3] Artículo 19. M.I.E.D.O. Medios/Impunidad/Estado/Democracia/Opacidad. México, 2016.

URL: https://es.scribd.com/doc/305133218/Informe-anual-de-violencia-contra-la-prensa

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