Todos los días la reina le preguntaba a su espejo mágico: “Espejito, de todo el reino ¿quién es la más hermosa?” Y el espejo invariablemente le respondía: “Tú, mi reina”, hasta que la princesa Blancanieves entró en escena.

En los pasados diez años se han construido y aplicado diversas herramientas para “medir” la transparencia como parte del derecho a la información. Índices y evaluaciones van y vienen, cada uno observando y midiendo (cuantitativamente) la publicación de información pública a través de portales o sitios de Internet: la Métrica de la Transparencia (CIDE y organismos garantes), Índice de Información Presupuestal (IMCO), Información Fiscal (ARegional), disposición de información para ciudadanos (CIMTRA) y las que elaboran los organismos garantes locales a los sujetos obligados para identificar el grado de cumplimiento de publicación de información fundamental, entre otros. Los sujetos evaluables se preparan para los momentos de observación-evaluación frente a esos “espejos”.

Las evaluaciones en sí son necesarias, ya que permiten hacer un corte con miradas externas. Sin embargo, ninguna evaluación es absoluta; son un “espejo” interesado (por el interés de su objeto y objetivo) que muestra lo que se quiere ver y mostrar, como sucede con cualquier espejo, sus características y calidad.

Las evaluaciones que conozco cubren un campo de observación de forma: está o no está lo que busco; pero lo más  importante, la calidad y características del contenido (información veraz, completa, clara, comprensible, consistente con el resto de la información)  de lo que ahí está aún no se ha evaluado del todo. Observar  y evaluar si es de utilidad para el ciudadano común, que no es especialista, ni sabe qué, dónde, cómo y cuándo buscar, es el principal reto, ya que todo lo que se dispone en sitios de transparencia está con vistas a quien lo evaluará o con el lenguaje y presentación para y de los de dentro.

Las evaluaciones nos han llevado a una endodiafanía (del griego endon, dentro; y diaphanés, transparente) perversa, como el espejo de la reina o el síndrome del monasterio, que lleva al monje enclaustrado a creer que la realidad es sólo lo que a su alcance, provocando autoengaños. La principal evaluación en transparencia está en la confianza de la ciudadanía, pues la información publicada corresponde con la realidad y que con dicha información se rinda cuentas.

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