La información ahí está en nuestro sitio de transparencia, todo está publicado. Son expresiones frecuentes desde quien ejerce el poder público y colaboradores, en particular los responsables de las Unidades de Transparencia. Sin embargo, “desde fuera”, lo dicho no corresponde con la realidad, y quien busca información se encuentre en un laberinto frustrante, con lenguaje técnico encriptado; luego, si se localiza lo buscado, está debe sortear el soporte en que ponen la información, que hace imposible su lectura, procesamiento y uso. Resultado: “transparencia oculta”, pero eso sí, dirá que lo publicó, aunque sea una aguja en un pajar.

Con las leyes de transparencia la atención se ha centrado en qué publicar, qué transparentar. La Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública incorporó principios que de asumirse y aplicarse, abonarían a inhibir la “transparencia oculta”: la información será completa, oportuna, accesible, verificable, veraz, que atienda necesidades (Artículos  11 y siguientes); incluso, si es proactiva, “deberá permitir la generación de conocimiento público útil, para disminuir asimetrías de la información, mejorar los accesos a trámites y servicios, optimizar la toma de decisiones de autoridades o ciudadanos y deberá tener un objeto claro enfocado en las necesidades de sectores de la sociedad determinados o determinables” (Artículo 58).

En estos principios está el corazón y espíritu de la transparencia, no en la formalidad de publicar por publicar. Mientras los responsables de la transparencia no asuman que la transparencia es un ejercicio de comunicación, las formas y recursos (los cómo y con qué) empleados no se verán modificados. Quien se transparenta se muestra para establecer un diálogo con quien busca información, por lo que los cómos y con qué desarrollados y utilizados para mostrar y poner a disposición información debe surgir del conocimiento de quien requiere la información, no a la inversa.

Si los responsables de la transparencia inviertan la lógica de generación y puesta a disposición de información pública, es decir, desde fuera hacia dentro, desde quien la necesita y busca, y el ITEI lo promueve, la transparencia centrada en solicitudes serán excepción. La carga está en quien quiere ser transparente, a quien además se le paga para ello, no en el solicitante.

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