La 102 Asamblea General del Episcopado Mexicano (CEM), del 7 al 11 de noviembre pasados, es el arranque de un reacomodo al interior de los obispos mexicanos: el rediseño de un nuevo plan de acción pastoral, el reacomodo y surgimiento de nuevos liderazgos. La presencia-presentación de nuevo nuncio apostólico, Francisco Coppola, como operador de Francisco Papa, será clave en este proceso.

La renovación de la CEM descansa en sus integrantes; nuevos perfiles de obispos, liderazgos distintos. El punto de gravidez está en la sucesión de la Arquidiócesis de México, cuando Norberto Rivera Carrera cumpla sus 75 años de edad el 6 de junio de 2017; y con él, las arquidiócesis de Acapulco (vacante); y en proceso de quedar en esa situación Oaxaca y San Cristóbal de las Casas; así como Torreón, Irapuato, Veracruz, Mixes; y cubrir las ya vacantes de Matehuala, Tarahumara y Tlaxcala. En unas se prevé la promoción de obispos en funciones, y en el resto, o traslado de obispos, pero invariablemente habrá promoción de nuevos obispos.

¿Cuál será el perfil de obispos que se promuevan? Francisco Papa los quiere distintos. A la fecha ha sido “lento” en la promoción de obispos en México, caracterizados en su mayoría por “silentes”; en contra partida, las voces que más se escuchan del episcopado son como coros de grupos en el poder. ¿Francisco Papa opera una intervención-renovación del Episcopado Mexicano como lo está haciendo en Estados Unidos? 2017 será el momento; claro, si es que los obispos, no levantan sus diques y filtros, pues ellos son quienes proponen en primera instancia.

Por lo pronto, la promoción de Carlos Aguiar Retes (inexplicable, por su trayectoria principesca y cercana a grupos de poder) como cardenal de la Iglesia de Roma lo ha puesto en la primera fila de obispos mexicanos. Eso lo hizo sentir en la pasada asamblea de la CEM al anunciar que inició, por instrucción del propio Vaticano, el “restablecimiento” de relaciones con la Presidencia de la República tras el distanciamiento provocado con la iniciativa presidencial para abrir la puerta constitucional a los matrimonios igualitarios. ¿Y el presidente de la CEM, Francisco Robles Ortega?

¿Un Episcopado más evangélico, edificando en la periferia, sin “príncipes”, con “olor a ovejas”? ¿Una Episcopado que reconozca “en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente” (Lumen Gentium, 8), que se sienta y vea “solidaria del género humano y de su historia (Gaudium et Spes, 1)?

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