Las calles están tomadas, la indignación a flor de piel, y aún no se resienten todos los efectos del “gasolinazo”. La incertidumbre campea, la desinformación, las verdades a medias, los oportunismos políticos se desencadenan de cara al proceso electoral de 2018. ¿A dónde vamos a parar…?, o mejor dicho, ¿qué rumbo llevamos?

El “gasolinazo” no es la causa, es el efecto de otras decisiones. Es la fiebre en el cuerpo social que muestra que algo funciona mal en el organismo: ¿infección viral o bacteriana?, ¿un cáncer?, ¿un medicamento mal administrado? La temperatura social elevada no sólo nos da dolores de cabeza, también puede provocar convulsiones y llevar a la muerte.

En diciembre de 2012 tres partidos políticos, PRI, PAN y PRD, firmaron con el Titular del Poder Ejecutivo Federal un pacto político-económico, el Pacto por México; un pacto cupular de grupos-fuerzas políticas, ofrecido como la vía para el desarrollo de México y su sociedad. Sin embargo, dicho pacto a la postre se evidenció como divorcio entre la clase gobernante con la sociedad; un pacto que consumó la supervivencia de grupos; un pacto donde la contraparte social-civil no figuró, no contó, no se escuchó, aunque parientes de ella hayan estado de acuerdo (cúpulas y organizaciones sindicales, empresariales…).

Los grupos gobernantes y quienes lo sostienen en el poder podrán apostarle al cansancio de quienes han tomado las calles; que la protesta y malestar social aminore, se diluya con el tiempo; que surjan o se promuevan válvulas de escape que provoquen catarsis. Sería lo más irresponsable frente a la enfermedad, a la infección, a la causa de esta manifestación febril, pues la “vacuna energética-recaudatoria” para salvar la estabilidad económica aplicada fue hecha con cepas contaminadas, perversas.

Aún así, hay esperanza. Que la reacción aparentemente dispersa del cuerpo ante la “vacuna” aplicada, propicie “un nuevo pacto social que cohesione los esfuerzos de todos” (Francisco Ramírez Yáñez, rector de la UNIVA. Ver: http://bit.ly/2i6OW4B), pero para lo cual los grupos gobernantes, los partidos, y quienes lo sostienen, requerirán hacerse a un lado para escuchar desde abajo, desde fuera, desde la periferia de donde siempre se decidido todo; obedecer para mandar, escuchar desde los espacios de libertad y dignidad; o de lo contrario este divorcio provocado por su infidelidad al pueblo, pues lo traicionaron “metiéndose con los de fuera”, pasará a los golpes.

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