El tiempo llegó y Norberto Rivera Carrera presentó su renuncia como obispo titular de la Arquidiócesis Primada de México. El próximo 6 de junio, el también cardenal de la Iglesia católica cumplirá 75 años de edad, y de acuerdo con el Código de Derecho Canónico, debe presentar su dimisión. La sucesión sobre la que se trabaja desde hace meses, pues los 75 años son la fecha límite, ahora están en el juego público.

Canon 401 del Código de Derecho Canónico para la Iglesia latina: “1. Al Obispo diocesano que haya cumplido setenta y cinco años de edad se le ruega que presente la renuncia de su oficio al Sumo Pontífice, el cual proveerá teniendo en cuenta todas las circunstancias”, y “2. Se ruega encarecidamente al Obispo diocesano que presente la renuncia de su oficio si por enfermedad u otra causa grave quedase disminuida su capacidad para desempeñarlo.”

El paso siguiente es que Francisco Papa acepte su renuncia y nombre su sucesor. En la lista de sucesión, se especula que están:

Carlos Aguiar Retes

Carlos Aguiar Retes, arzobispo de Tlalnepantla, Estado de México, con 67 años (Tepic, Nayarit, 9 de enero de 1950), y recién elevado a Cardenal el 19 de noviembre de 2016.

Surgió del clero de Tepic, Nayarit, encabezó a los seminarios en México y Latinoamérica, fue obispo de Texcoco, Estado de México, durante 11 años, del 29 de junio de 1997 al 5 de febrero de 2009, en que fue trasladado a Tlalnepantla, y donde tomó posesión el 31 de marzo siguiente. Su promoción al Episcopado fue por Juan Pablo II, cuando en México estaba de nuncio Justo Mullor. El obispo que lo promovió como obispo fue Adolfo Suárez Rivera, quien fuera obispo de Tepic, luego arzobispo de Monterrey y Cardenal de la Iglesia católica.

De formación biblista, conocido entre los obispos mexicanos como rector del Seminario de Tepic y presidente de la Organización de Seminarios Mexicanos y la de Latinoamericanos (OSMEX y OSLAM); pero señalado como muy cercano al poder, en particular con el grupo del PRI del Estado de México y desde Texcoco con Enrique Peña Nieto.

Ramón Castro Castro

Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca, Morelos, con 61 años (Teocuitatlán de Corona, Jalisco, 27 de enero de 1956). Aunque jalisciense, es del clero de Tijuana, Baja California, a donde emigró de niño con su familia. Formado bajo el obispado de Juan Jesús Posadas Ocampo. Con Emilio Berlié Belaunzarán fue promovido a estudiar a la Academia Pontifica Eclesiástica, la más antigua del orbe donde se forman los diplomáticos eclesiásticos. Su servicio diplomático lo realizó en las nunciaturas de Zambia, Malawi, Angola, Ucrania, Venezuela y Paraguay.

Con vínculos en la estructura Vaticana, además de carrera diplomática, como director de la oficina del Óbolo de San Pedro (que colecta recursos en el mundo para las obras de caridad del Papa), fue promovido al Episcopado por Berlié Belauzarán en el pontificado de Juan Pablo II, siendo nombrado obispo auxiliar de Yucatán en 2004, a donde su promotor llegaría al año siguiente como arzobispo residencial.

Dos años después, el 8 de abril de 2006, fue trasladado a Campeche en el pontificado de Benedicto XVI, donde estuvo hasta el 15 de mayo de 2013, siendo el primer cambio de obispos que hizo Francisco Papa en México.

Para muchos, está en el “radar” de Francisco Papa. Lo conoce y lo sigue con particular empatía por su estilo de gobierno y posicionamiento público en temas que le interesan al Pontífice.

José Carlos Patrón Wong

José Carlos Patrón Wong, encargado de Seminarios de la Iglesia católica en la Congregación del Clero (Vaticano), de 59 años de edad (Mérida, Yucatán, 3 de enero de 1958). Formado en Yucatán y el Seminario de Puebla, fue promovido al Episcopado Mexicano cuando Emilio Berlié Belaunzarán era arzobispo de Yucatán, en 2009, bajo el pontificado de Benedicto XVI y siendo nuncio en México Christophe Louis Yves Georges Pierre. Así, fue nombrado obispo coadjutor de Papantla, Puebla, a finales de 2009, y tres años después, asumió la titularidad de esa diócesis, donde estuvo hasta el 21 de septiembre de 2013, cuando Francisco Papa lo llamó a Roma para encargarse de la conducción, seguimiento y supervisión de todos los seminarios en la Iglesia católica.

De los obispos más discretos y sencillos, muy afín al pensamiento de Francisco Papa, en particular en un tema de los más delicados que trata: la formación de futuros sacerdotes.

Presentar la renuncia a un oficio al Papa no surte efectos inmediatos. Se requiere la aceptación del Pontífice. Hasta antes del Concilio Vaticano II (1963-1965), la conducción de una diócesis (demarcación eclesiástica) era vitalicia, y sólo por causas de fuerza mayor se renunciaba a ella.

Dependiendo de la diócesis y de la situación del obispo que llega al límite de edad establecido por el Código de Derecho Canónico, el Papa puede dilatar la aceptación mientras provee un sucesor. En algunos casos las renuncias son aceptadas inmediatamente.

En la Ciudad de México se tiene que Miguel Darío Miranda y Gómez se dio cuando superaba los 81 años (1977), y falleció casi nueve años después (1986); en el caso de Ernesto Corripio Ahumada, su renuncia la aceptó Juan Pablo II tres meses después de cumplir los 75 años de edad (1994). En el primer caso, la condescendencia del Papa (entonces Pablo VI) estribó en que se trataba de un obispo con mayor autoridad en México; y en el caso de Corripio Ahumada, las diferencias con el entonces nuncio apostólico en México, Jerónimo Prigione, apresuraron su salida

Por otro lado, está el caso de Guadalajara, donde como con Miguel Darío Miranda y Gómez, el primer cardenal de México, José Garibi Ribera, tuvo aceptación a su renuncia hasta los 80 años de edad (1969); en cuanto a su sucesor, José Salazar López, se mantuvo como titular de Guadalajara dos años más luego de cumplir 75 (1987); y con Juan Sandoval Íñiguez, su renuncia fue aceptada tres años y medio después de cumplir los 75 (2011).

Para el caso de Rivera Carrera, hay tres elementos que juegan para que su renuncia se registre este año: que la Iglesia quede reestructurada en la Ciudad de México antes del proceso electoral de 2018; Rivera Carrera no es muy del agrado de Francisco Papa, como se observó en su visita a México en 2016, y aprovechando el momento, Albertho Athié (ex jesuita) y José Barba Martín (ex Legionario), presentaron una denuncia en contra de Ribera Carrera por el presunto encubrimiento de quince sacerdotes pederastas de la Ciudad de México, pues no procedió en contra de ellos al tener conocimiento de los hechos.

Volviendo a la sucesión en la Ciudad de México, en el Episcopado Mexicano hay la intención de “bajarle” peso a quien en encabece esa arquidiócesis, que, aunque sea primada, no encabeza al Episcopado Mexicano.

El Episcopado quiere un obispo menos protagonista y que “no hable ni actúe” por el resto de los obispos. Los obispos buscan fortalecer el Episcopado Mexicano, como asamblea; recuperar una línea de colegialidad no centrada en una persona como lo han buscado al procurar no nombrar presidente del Episcopado Mexicano al arzobispo de México.

Y de seguir la línea de Francisco Papa, es más factible que el próximo arzobispo primado provenga de la “periferia”.

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