A partir del Concilio Vaticano II (1962-1965) la Iglesia católica recuperó el sentido originario de lo que es una diócesis: es una “porción del pueblo de Dios que se confía a un Obispo” (Christus Dominus, 11), en contra de una visión feudal, es decir, vista como una porción de territorio que se le confía para su gobierno a un obispo. El centro y sentido de una diócesis, y por ende de un obispo, está en el pueblo, del que es pastor; no en el territorio.

El pasado 28 de septiembre, Francisco Papa aprobó la propuesta de la Arquidiócesis de México para crear tres nuevas diócesis (demarcaciones eclesiásticas) en ciudad capital: Azcapotzalco, Iztapalapa y Xochimilco, desprendiéndose de la Metropolitana (ver: http://bit.ly/2nKiY33). Un proyecto de división que comenzó con Ernesto Corripio (1977-1994), Norberto Rivera (1995-2017) archivó, y que Carlos Aguiar retomó (ver: http://bit.ly/2m565jJ) en cuanto tomó posesión de la Arquidiócesis (2018).

La creación de las nuevas diócesis pasó a través de la repartición-asignación de sacerdotes, diáconos y seminaristas. Los sacerdotes quedarían “incardinados” (vinculados) a una nueva autoridad. Para ello, Aguiar hizo cambios y remociones quirúrgicas (ver: http://bit.ly/2nBmfSp), con naturales tensiones al interior.

Ahora, una de las diócesis más grandes del mundo es más pequeña: 5.3 millones de habitantes, 307 parroquias, 458 sacerdotes diocesanos (que dependen del obispo) y 422 religiosos (de órdenes e institutos, como Franciscanos, Dominicos, Jesuitas, Agustinos, Salesianos, etc.).

En Guadalajara, con José Salazar López (1970-1987) se estudió la posibilidad de crear dos nuevas diócesis: Ocotlán y Ameca; con Juan Jesús Posadas Ocampo (1987-1993) se continuó con el estudio, pero con resistencias en presbiterio: la creación de las diócesis de San Juan de los Lagos y Ciudad Guzmán (1973) aún tenían secuelas. Con Juan Sandoval Íñiguez (1994-2011) se archivó el proyecto; con José Francisco Robles Ortega (2012-) parece tenerse a la vista, pero con reservas. El entorno y realidad de la Arquidiócesis de Guadalajara ha cambiado de Salazar a la fecha; se ha reconfigurado la vida y dinámica social, política, económica, cultural. ¿Ha llegado el momento de replantear la configuración de la Arquidiócesis tapatía, la que más parroquias (cerca de 499) y más sacerdotes tiene (1,250 diocesanos y 350 religiosos)?